Cuando entra la ansiedad en tu vida.

La ansiedad crece en ti. Su alimento es tu pasado y tu futuro, miedos y preocupaciones.

La ansiedad es una opción. El presente es real, es como es.

Si en tu interior reina la culpa, los miedos, la vergüenza, secretos, envidia, el trauma … la vida se vive desde este fondo.
La vida es un camino de aprendizaje en el que trabajamos nuestra programación, positiva y negativa y nos liberamos de razones por las cuales estar ansiosos.

Cuesta trabajo y se necesita coraje y voluntad para enfrentarse a los monstruos y demonios interiores. Todos los tenemos en alguna medida.
Esos monstruos no son una materia muerta, sino vivos y quieren salir. Salen en nuestros acciones y pensamientos y sueños, hasta que los entendemos.

Si no lo trabajamos, nos siguen molestando día tras día, noche tras noche.

 

La vida pone a prueba nuestras capacidades para salir adelante y reponernos en momentos de dificultad, ya sea aprendiendo de nuestros errores o creando contextos que nos permitan ser felices. Con la llegada de una crisis o periodo de cambio, surge la incertidumbre, y saber afrontarla no es fácil. La ansiedad causada por tener que evitar a toda costa las consecuencias indeseadas del pasado o en el futuro evitar entornos del que sabemos muy poco o nada, se puede evitar. Identificar pensamientos irracionales y reemplazarlos con afirmaciones realistas puede contribuir a reducir la ansiedad. La autoobservación es clave en este proceso.

Haremos un repaso a varias de las estrategias más útiles para gestionar emocionalmente la incertidumbre.

Organizar el día a día es fundamental para enfrentar momentos difíciles, ya que la falta de organización puede generar malestar, especialmente en situaciones económicas, sociales o personales complicadas. Mantener una disciplina diaria y semanal nos permite conocer nuestros momentos de trabajo, momentos de descanso y reduce la necesidad constante de decidir qué hacer a continuación, aliviando la carga psicológica. La ansiedad ante el futuro puede ser gestionada organizando nuestras responsabilidades laborales, sociales y familiares, lo que contribuye a una mente más clara y favorece la salud mental. Evitar la sobreexposición mediática en tiempos de crisis también es crucial. En lugar de consumir noticias negativas constantemente, dedicar tiempo a actividades placenteras puede mejorar nuestro bienestar.
La práctica regular de ejercicio, como ciclismo o senderismo, correr o yoga, libera endorfinas, reduciendo el estrés y la ansiedad. Se prefiere actividades al aire libre sobre ir a un gimnasio. Combinado con hábitos de higiene, una alimentación adecuada y un buen sueño, contribuye significativamente a la salud física, intelectual y emocional.

Mantener una vida social activa es esencial para el bienestar emocional, ya que nos expone a diversas perspectivas y evita pensamientos recurrentes. La práctica de mindfulness y meditación también puede ser beneficiosa. Aplicaciones de meditación guiada o ejercicios
simples de mindfulness te permiten centrarte en el momento presente, ayudando a aliviar la ansiedad y reducir la incertidumbre relativa. Dedicar tiempo a uno mismo es otra estrategia efectiva para gestionar preocupaciones diarias y evitar el piloto automático. El autocuidado, que puede incluir baños relajantes o actividades placenteras, nos permite conocernos y brindarnos el apoyo necesario.
Una técnica efectiva para calmarte es la respiración profunda: inhala lentamente por la nariz, retén el aire unos segundos y exhala lentamente por la boca. Repite este proceso varias veces para ayudar a reducir la ansiedad. Cuando estos consejos no son suficientes, acudir a un psicólogo es recomendable. Este profesional puede proporcionar escucha activa, ayuda y enseñar técnicas para mejorar la calidad de vida y superar obstáculos emocionales. En resumen, adoptar hábitos organizativos, cuidar la salud física y emocional, mantener relaciones sociales y buscar apoyo profesional son pasos clave para afrontar periodos difíciles.

Practicar técnicas de relajación muscular progresiva también puede ser útil. Tensar y relajar los músculos ayuda a liberar la tensión acumulada. Un buen hábito de sueño es fundamental. Asegúrate de tener rutinas regulares antes de dormir y crea un ambiente propicio para el descanso. Conversar con amigos, familiares o profesionales de confianza puede proporcionar apoyo emocional. Compartir tus preocupaciones puede aliviar la carga emocional. Limitar la cafeína y el azúcar en tu dieta puede ayudar, ya que estos estimulantes pueden aumentar la ansiedad en algunas personas. Establecer límites en tu vida personal y laboral es esencial. Aprender a decir no cuando sea necesario contribuye a evitar la sobre exigencia. Si la ansiedad persiste, considera buscar ayuda profesional. Recuerda que cada persona es única, así que es importante encontrar las estrategias que funcionen mejor para ti.

La conciencia, especialmente en forma de mindfulness o conciencia plena, desempeña un papel esencial en el manejo de miedos y ansiedades. Al adoptar una actitud de observación sin juicio, puedes reconocer tus pensamientos y emociones relacionados con el miedo y la ansiedad sin sentirte abrumado por ellos. La práctica de la conciencia te invita a vivir en el momento presente, ayudándote a evitar la trampa de preocuparte excesivamente por el futuro. Este enfoque en el presente permite que te alejes de escenarios futuros negativos que a menudo alimentan la ansiedad.

Un aspecto clave de la conciencia es la aceptación plena de tus emociones, incluso las menos agradables. En lugar de resistirte a los miedos, la conciencia te capacita para reconocerlos y experimentarlos sin dejar que te dominen. Además, ser consciente te permite identificar patrones de pensamiento que contribuyen a la ansiedad. Al reconocer y cuestionar estos patrones, puedes trabajar para cambiarlos, adoptando perspectivas más realistas y positivas. La conciencia también ha demostrado ser eficaz en la reducción del estrés, un factor estrechamente vinculado con la ansiedad. Al estar plenamente presente y aceptar las experiencias tal como son, puedes disminuir la reactividad emocional y, por ende, el estrés asociado.

La toma de decisiones informadas se facilita a través de la conciencia, ya que te permite considerar todas las opciones de manera objetiva. Esto puede ser especialmente útil al enfrentar los miedos, permitiéndote tomar decisiones basadas en la realidad en lugar de en la ansiedad. Finalmente, la conciencia fomenta la autorreflexión, brindándote la oportunidad de explorar las raíces más profundas de tus miedos y ansiedades. Esta autorreflexión puede ser clave para una gestión efectiva a largo plazo. En resumen, la conciencia proporciona la claridad mental y emocional necesaria para enfrentar y gestionar los miedos y la ansiedad de manera
efectiva. La práctica regular de la conciencia se convierte así en una herramienta valiosa para mejorar el bienestar emocional.

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