Es el verano más diferente de lo que he vivido ya.

La serenidad es completa.

No necesito. Estoy feliz haciendo mi trabajo que incluye las terapias, cocinar y cuidarme bien, estoy restaurando el suelo de la entrada de mi consulta con un mosaico y en el pueblo cuido el huerto y como, seco y conservo la cosecha.

La primera vez en mi vida que siento completa paz haciendo mis cositas. Agradezco. No ‘necesito’ compañía.

Además, han sido 3 meses y medio de recibir visitas. Esos meses todas mis hijas me han visitado y he cuidado algunos días a mis nietos en el pueblo. Además, mi hermana pequeña ha venido. Aventuras inolvidables.

Estoy viviendo esas experiencias de una manera nueva. No soy capaz aún de describir lo que es que hace ese verano realmente diferente.

En junio tuve una sorpresa enorme en mi viaje a mi país natal. Seguramente tiene que ver con los cambios que siento en mí.

En mi infancia he podido recibir una atención física muy adecuada. Crecí en una casa grande con un jardín enorme. No teníamos mucho dinero, pero había un huerto abundante y tenía toda la libertad para jugar, sola, con mi hermano y 3 hermanas y con amigas. Hasta mis 12, quizás 14 años viví en un paraíso. Aunque el paraíso físico seguía presente, noté que emocionalmente la comunicación emocional a mi alrededor estaba vacía. Era inexistente. En mi casa no se comunicaba. Se daban órdenes, se cuestionaban asuntos prácticos y esta.

En este viaje al norte he visitado a mi madre, casi una desconocida para mí. La volví a ver después de 4 años y sin entrar en detalles puedo decir que me he comunicado con ella por primera vez en mi vida. Hemos conectado con el corazón. Ella acaba de cumplir 80 años y aunque ya lo vi casi imposible, nunca he dejado de ilusionarme por un posible acercamiento entre nosotras 2.

Lo hemos conseguido, lo que me da la certeza que nunca hay que rendirse. Todo es posible, aunque las posibilidades de hacerlo posible parecen mínimas.
Para mi es un milagro que cambia la revisión de mi vida pasada completamente, que influye en mi pasado lejano, que deja iluminar a mis ancestros las oscuridades guardadas
Es un milagro que cambia mi presente, mi cuerpo, mis emociones y mi mente.
Y es un milagro que cambiará mi futuro y el de mis hijas y nietos.

Durante años he trabajado la relación con mi madre. He tenido sesiones con varios terapeutas, canalizadores, chamanes. He visto vidas pasadas (horribles) con mi mamá. Realmente horribles, pero se han ido. Su apertura a la comunicación ha liberado las tensiones y memorias antiguas.

Qué liberación.

Aunque una regresión, unas sesiones de terapia, meditaciones no funcionan en el instante, preparan el camino. Yo ya sabía que tenemos que tener paciencia. La carga (karma es una palabra que no me gusta por tener tendencia a ser interpretado negativamente) puede ser tan grande, el pasado vivido tan complicado que necesita media vida para solucionarlo.

Perseverar es necesario. Paso a paso. Humildad. Y reconocer que ninguna carga, ninguna relación tóxica viene de 1 lado. Todo es unión, todo es relacional, todo es uno. Así que, gracias mamá que has podido abrirte. Y gracias a mi misma a no haber tirado la toalla, y que me he abierto también.

Fin.Fin feliz.
Un fin que sigue con un nuevo empezar.
Agradezco mi existencia en esta tierra y la existencia de quienes me rodean.

Animo a todos por trabajar su vida, su cuerpo y su interior.

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