Si falta comunicación contigo mismo… el origen silencioso de muchos problemas de comunicación con otros.
Cuando pensamos en problemas de comunicación, solemos imaginar discusiones de pareja, malentendidos con amigos o conflictos en el trabajo. Sin embargo, existe una forma de comunicación mucho más importante que a menudo pasa desapercibida: la que mantienes contigo mismo.
Puede parecer extraño, pero muchas personas tienen miedo de escucharse.
No porque no sepan hacerlo, sino porque enfrentarse a ciertas emociones, pensamientos o necesidades puede resultar incómodo. Es más fácil mantenerse ocupado, distraerse con el trabajo, las redes sociales o las responsabilidades diarias que detenerse y preguntarse:
* ¿Estoy satisfecho con mi vida actual?
* ¿Qué necesito y no estoy expresando?
* ¿Hay algo que llevo tiempo evitando?
La psicología lleva décadas estudiando este fenómeno. Diversas investigaciones muestran que los seres humanos tendemos a evitar experiencias emocionales desagradables. A este proceso se le conoce como evitación emocional. Cuando una emoción nos genera incomodidad, muchas veces intentamos ignorarla, minimizarla o distraernos para no sentirla.
El problema es que las emociones no desaparecen porque las ignoremos.
Imagina una pequeña fuga de agua dentro de una pared. Desde fuera parece que no ocurre nada. La casa sigue funcionando con normalidad. Pero con el paso del tiempo la humedad se acumula, aparecen manchas y finalmente el daño se vuelve visible.
Con las emociones sucede algo parecido.
Lo que no reconocemos internamente suele manifestarse después en nuestras relaciones, nuestras decisiones o nuestro bienestar emocional y/o fisico.
Por ejemplo, imagina a una persona que lleva años sintiéndose insatisfecha en su relación de pareja. No se siente escuchada, tiene necesidades emocionales que no están siendo cubiertas y nota una creciente distancia con su pareja.
Sin embargo, en lugar de reconocer lo que siente y hablarlo, decide convencerse de que todo está bien. Evita conversaciones incómodas. Cambia de tema cuando surge algún conflicto. Se centra en el trabajo o en otras actividades para no pensar demasiado.
Durante un tiempo parece que el problema no existe.
Pero poco a poco aparecen señales como irritabilidad, frustración, falta de conexión emocional, discusiones por asuntos aparentemente insignificantes o incluso la búsqueda de validación fuera de la relación.
Desde fuera puede parecer que el problema surgió de repente. Sin embargo, la realidad es que comenzó mucho antes, en el momento en que dejó de escucharse a sí mismo.
La neurociencia también aporta información interesante sobre este proceso. Estudios sobre regulación emocional han mostrado que poner nombre a nuestras emociones ayuda a reducir su intensidad y facilita que podamos gestionarlas de forma más saludable.
Cuando identificas lo que sientes y eres capaz de expresarlo con palabras, activas procesos cerebrales que favorecen el autocontrol y la toma de decisiones conscientes.
Por el contrario, cuando reprimimos constantemente nuestras emociones, estas suelen expresarse de manera indirecta a través del estrés, la ansiedad, el agotamiento emocional o dificultades en las relaciones personales.
Por eso la comunicación con los demás empieza mucho antes de abrir la boca.
Empieza cuando desarrollas la capacidad de escucharte sin juzgarte.
Cuando reconoces que algo te duele.
Cuando aceptas que tienes necesidades.
Cuando admites que una situación ya no te hace feliz.
Cuando eres honesto contigo mismo, resulta mucho más fácil ser honesto con los demás.
Y esto no significa decir todo lo que piensas sin filtros. Significa comprender lo que ocurre en tu mundo interior para poder expresarlo de forma clara, respetuosa y auténtica.
En una sociedad donde estamos constantemente conectados con los demás, muchas veces olvidamos conectar con nosotros mismos. Tenemos acceso inmediato a miles de opiniones, mensajes y estímulos, pero dedicamos muy poco tiempo a escuchar nuestra propia voz.
Quizás por eso tantas personas sienten que no son comprendidas.
Porque antes de pedir a otros que nos entiendan, necesitamos entendernos nosotros mismos. La calidad de nuestras relaciones suele reflejar la calidad de la relación que mantenemos con nuestro propio mundo interior. Y tal vez el primer paso para mejorar la comunicación con los demás no sea hablar más.
Tal vez sea aprender a escucharte mejor.
